Arturo Zavala Hagg (México, D.F. 37 años), es un rara avis: polifacético, diría: "renacentista postmoderno" -si eso fuera posible y no sonara petulante- en plena era de la "especialidad" donde de tanto conocer el árbol dejamos de ver el bosque. Arquitecto, Fotógrafo, Dibujante, Miembro del Equipo Mexicano de Skeleton en un país que carece de nieve, autoproclamado jugador profesional de backgammon, trotamundos y de acuerdo a su página de facebook: enemigo de la TV pero amigo del Video y que profesa un principio de sencilla claridad: esto es, que la felicidad solamente es verdadera cuando se comparte y que la imaginación es más importante que el conocimiento, aunque, quizás, la imaginación no sea más que la vía del Arte que nos lleva al Conocimiento.
De su faceta artística destaco al fotógrafo y al dibujante. En su primera vertiente, trabajó 6 años con el fotógrafo de modas Serge Barbeau en París y ahí reside desde entonces. Frecuente visitante de Tulúm (Quintana Roo, México) donde tiene una casa y amigo de Tony Burwell, fotógrafo amateur, del que publiqué recientemente una selección de su obra.
La fotografía de Zavala Hagg [en adelante: AZH] se destaca por la minuciosidad del juego de sombras: dos humildes ajos se nos revelan en la plenitud de su erotismo vegetal, se desnudan ante el ojo con irónica sensualidad solamente vista antes en esa otra celebración del Allium Sativum que es la película Jamón, Jamón, del catalán Bigas Lunas. En las instantáneas de "Turi", como le llaman sus amigos, esta presente una vena hierática, que probablemente tiene su origen en su trabajo como fotógrafo de modas y por otra parte se puede destacar una vertiente escenográfica y monumental que probablemente surge de su formación arquitectónica: la inmensidad del mar y un velero que conecta con el Cielo donde, ya se sabe -es vox-populi-, que Dios desprecia el automóvil y prefiere, siempre, desplazarse en catamarán. El agua tiene un DNA abstracto que conecta muy bien con su propuesta gráfica.
No podríamos incluir a AZH [para ver sus páginas web y conocer un catálogo + amplio de su obra en 5 capítulos: arte, fashion, arquitectura, viajes y publicidad dar click Aquí y Aquí] en la "Liga de Los Artistas Atormentados" donde el arte es pose y catarsis: un mal sucedáneo de la visita al psiquiatra. Zavala tiene membresía en el club de los artistas felices, su obra es una celebración de la vida y si la vida "es tragedia o festín, tú eliges", Arturo eligió, si dudar, la fiesta del ser, la contemplación sosegada de la maravilla de existir. Aun en los momentos en que acomete la crítica visual: un témpano que nos mira desde su luminosa pequeñez, antaño un gigante destructor de Titanics y hoy un ente en vías de extinción o cuando nos enfrenta con la soledad de un vagabundo tirado en un parque, hay siempre presente un sacralidad de claustro religioso, un brillo pacífico que se hermana con una verdad primigenia. Su reinterpretación de la Última Cena conjuga una ironía teutónica con la cultura de masas de un fashion magazine. Sin embargo, lo mejor de esta breve muestra y donde se perfila un estilo a caballo entre lo onírico de Leonora Carrington y la estética del Señor de los Anillos son las 8 últimas fotos que, en un lenguaje gráfico pulido y elegante nos remite a un mundo fantástico que nos invita a soñar y susurra, desliza, una multitud de historias que asoman la silueta al filo de la imaginación. No dudaría en afirmar que AZH podría tener un futuro prometedor, si algún día se decide a intentarlo, en el séptimo arte.
Finalmente, los 5 dibujos que se presentan en el segundo apartado nos muestran a un artista en las antípodas de su faceta fotográfica y que sin embargo habita en la misma persona: obsesivo, con compulsión de lo perfecto, bordeando la neurosis, que recurre a elementos de origen orgánico, tejidos que aluden a un microcosmos más subversivo que la inmensidad del universo. Aquí vemos a un AZH que postula una semántica original que apenas asoma pero que promete un lenguaje visual original, un poeta que ambiciona la perfección y, si en su obra fotográfica permea una glacial paz nostálgica, en su propuesta pictórica nos revela una neurosis (estrella encarcelada en una esfera) apenas contenida que lucha por no desbordarse y que rasga, araña y desgarra la superficie, la piel de una "realidad" donde campea una belleza subterránea y ajena a lo Evidente.
I. FOTOGRAFÍA
II. DIBUJO