Le llaman atención dispersa y en sus versiones agudas: Transtorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Ya se sabe, ya nadie esta triste o se entristece, todos estamos deprimidos o en "la depre". Es una manía de raíz anglosajona eso de encontrar un acrónimo solemne y volver enfermedad lo que antes era un simple estado de ánimo. Ergo: el Distraido ya no es culpable de sus despistes, ¡qúe va!, padece TDAH, ¡pobre!. Lo cierto es que, si bien la medicina esta ahí para ayudar y aquel que realmente esta de visita al "Pozo de la Angustia" debe acudir presto al especialista y no irse por la tangente con hierbitas, chochitos y remedios "naturales" o terapias new-age, también es preciso no abandonarse al papel de víctima cuando lo que nos sucede puede remediarse apelando al sentido común y sobre todo a esa dama, evasiva y difícil, pero, al final, muy generosa, llamada Voluntad.

Yo padezco de atención dispersa, condición plenamente certificada por esa otra dama muy necia y muy terca llamada Experiencia, de una fisonomía famélica y repleta de cicatrices y fracturas físicas y psicológicas, maltrecha pero heroicamente incólume. La neta es que todo me interesa y tengo apetito de saber y averiguarlo todo, por lo que mi atención se encuentra habitualmente tironeada por muchos intereses, deseos, preocupaciones, inquietudes que, sumadas a las demandas de la vida laboral y a las rutinas de la vida diaria vuelven mi cabeza una licuadora que trabaja al "máx" y cambiando de velocidad todo el tiempo.
Los Distraidos somos una especie (más exactamente: una turba,
palabra que proviene del latín y que significa: muchedumbre de gente confusa y desordenada) que siempre esta a la búsqueda de soluciones, de métodos para combatir la dispersión y aumentar la concentración indispensable para afrontar las demandas de la cotidianidad y hacerlo sin necesariamente recurrir a esa substancia polémica llamada ritalín, cuando el problema es leve. Hace algunos días mientras navegaba (distraído: obvio) por la web, me topé con la Técnica del Pomodoro (tomate, en italiano), un método para la "administración del tiempo" que promete sencillez (cualidad de todo lo que aspira a durar) y eficacia.
La Técnica del Pomodoro usa un Timer o Reloj de Cuenta Regresiva con alarma y se expresa en 5 pasos:
1) Elige una tarea a ejecutar.
2) Pon el Pomodoro en 25 minutos (el Pomodoro es un Timer con forma de tomate que es el que le gusta a Francesco Cirillo, inventor del método).
3) Trabaja en la tarea intensivamente y sin distracciones hasta que la alarma del timer suene y pon una palomita o marca en una hoja de papel.
4) Toma un recreo (5 minutos es OK. Este es el momento adecuado para checar nuestros mails o visitar facebook, pero sin "clavarnos").
5) Cada 4 Pomodoros (cada cuatro lapsos de 25 minutos) toma un recreo más largo.
Para los que leen en inglés hay un libro muy breve que explica al detalle la técnica y está disponible para bajar, en formato PDF, gratuitamente, en la página de su inventor. También es posible "downlodear" un timer digital llamado Focus Booster ideado para tener en la computadora y usarlo cuando no disponemos de un reloj físico. Focus Booster también puede activarse desde el navegador pulsando un link en la misma página donde se obtiene el software y está disponible también un widget de Apple.
En resumen, la Técnica del Pomodoro puede ser una herramienta útil para lograr nuestros objetivos cotidianos paso a paso, conquistando la concentración, en lapsos de 25 minutitos (y con recreo incluido).
P.D. Los que deseen información + detallada sobre este método pueden recurrir a un artículo del blog de Martin Alaimo [click aquí].