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Por José Luis Sierra Villareal
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¿Piensa usted, lector, cibernauta, que a Diego Fernández lo secuestró una banda de delincuentes que persiguen solamente un beneficio económico?
Yo no.
¿Qué cuáles son mis argumentos para sostener eso?
Bueno, es que hay 300 o más familias en el país, con el mismo o más dinero que Diego Fernández de Cevallos, a las que pudieron secuestrarles un hijo (dejando al padre libre para responder a las exigencias económicas, que no son nada sencillas de satisfacer), de manera más fácil y sin el riesgo de sufrir una persecución de todo el aparato estatal, ejército incluido. Así sucedió, por mencionar casos célebres, con Harp, con Angel Losada, con las hermanas Sodi y con el fallido secuestro de Fernando Martí.
¿Y el EPR o un grupo guerrillero?
Tampoco, definitivamente no.
¿Por qué?
Porque cualquier grupo de izquierda, lejos de buscar una “negociación discreta”, buscaría las luces de los medios de comunicación para exhibir las contradicciones de un gobierno de derecha, utilizando el ejemplo de Diego para ilustrar a la corrupción y el tráfico de influencias.
Si bien es cierto que los grupos de izquierda suelen realizar secuestros de civiles a fin de asegurarse recursos financieros para su operación político-militar, NINGÚN grupo de izquierda se aventaría el tiro de secuestrar a un personaje con ALTO VALOR POLÍTICO sólo para asegurarse una suma de dinero. Y ese es el caso de Diego Fernández.
Cualquier grupo político buscaría el desenlace rápido, capitalizando el factor sorpresa, sabedores de que el tiempo juega en su contra y de que la inteligencia del Estado puede ir acumulando pistas que, eventualmente, permitirían aprovechar el mínimo error para abortar negociación y secuestro.
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