Por Luis González de Alba
Quinta parte de diez.
Antes:
1) La visión de los vencidos
2) La caída de Tenochtitlan
3) Los otros conquistadores
4) El otro racismo
Del libro: LAS MENTIRAS DE MIS MAESTROS
CUANDO ERA AL REVÉS
En septiembre de 1847 los ejércitos de Estados Unidos llegaron hasta la capital de México, un país mucho mayor que ellos, e izaron su bandera en el Zócalo. El hecho fue aplaudido por Marx y Engels, pues mostraba que una (entonces) pequeña república, donde por primera vez las fuerzas de la producción eran libres, podía fácilmente aplastar al (entonces) gigante de régimen feudal y precapitalista, que en 1821 había heredado de España un territorio inmenso que tenía por fronteras a Oregon, en el norte, y a Colombia en el sur (pues Panamá era parte de ese país), sin conseguir mantener su integridad. Perdida la guerra, por parte de México, tras una serie de desastres militares, torpezas y pugnas internas en plena guerra, los Estados Unidos exigieron como botín los territorios del norte, que iban desde Nuevo México hasta California, así como el reconocimiento de la independencia de Texas, proclamada 10 años antes. Para México, éstos habían sido territorios sin mayor utilidad económica.
EL INFORME SECRETO DE ARANDA
No fue un hecho sorpresivo la guerra, pues 65 años antes, en 1783, el conde de Aranda escribía al rey de España lo siguiente, en un informe secreto acerca de los recién independizados Estados Unidos, el país más joven del mundo y el primero en darse un régimen republicano: "Mañana será gigante, conforme vaya consolidando su constitución y después un coloso irresistible en aquellas regiones... La libertad de religión, la facilidad de establecer las gentes en territorios inmensos y las ventajas que ofrece aquel nuevo gobierno, llamarán a labrados y artesanos de todas las naciones... Y dentro de pocos años veremos levantado el coloso que he indicado." El conde de Aranda le pide al rey desprenderse voluntariamente de sus provincias americanas y crear en ellas reinos independientes aunque fraternales. La monarquía española rechazó la idea, exactamente la misma sobre la que Inglaterra ha mantenido, hasta el presente, su influencia desde Australia hasta Canadá.
EL AVISO DE ONÍS
Pasaron 30 años de las predicciones de Aranda y en 1812, ya en plena guerra de independencia, la guerra que había querido prevenir el conde, el embajador de España ante los Estados Unidos, Luis de Onís, escribe al rey de España desde Filadelfia, pues los Estados Unidos construían su capital con las ideas urbanísticas más avanzadas de la época: "Cada día se van desarrollando más y más las ideas ambiciosas de esta República y confirmándose sus miras hostiles contra España" (eran contra México las miras hostiles, pero por ese años, y hasta 1821, todavía éramos la Nueva España). "Vuestra excelencia se halla enterado ya, por mi correspondencia, que este gobierno no se ha propuesto nada menos que el de fijar sus límites en la embocadura del río Bravo, siguiendo su curso hasta el grado 31 y desde ahí tirando una línea recta hasta el mar Pacífico... Parecerá un delirio este proyecto a toda persona sensata, pero no es menos seguro que el proyecto existe". Aquel proyecto se hizo realidad 35 años después, 1847, con absoluta exactitud, pues Nogales, Sonora, nuestra frontera actual, esta precisamente en el paralelo 31. Esto sabíamos desde 1812, pero ni los virreyes españoles ni los posteriores gobiernos mexicanos, independientes a partir de 1821, tomaron provisión alguna: estábamos muy ocupados en pelearnos entre nosotros mismos.
¿EL PADRE DE LA PATRIA?
La independencia de la Nueva España, que luego sería México, se gestó en la misma filosofía que produjo la Revolución Francesa y la independencia de las colonias inglesas: las ideas de la Ilustración, las de Rosseau, Voltaire y Diderot. Las revoluciones del siglo XX nos han acostumbrado a la imagen de insurgentes reunidos clandestinamente para leer textos prohibidos y planear la sedición. Pero no ocurrió así con nuestra revolución de independencia, pintada con esas tintas por la historia oficial, pues la conspiración descubierta, el escape de la Corregidora, las campanadas presurosas de Hidalgo y las anécdotas septembrinas sólo condujeron al retraso de la independencia. La filosofía de la Ilustración, tan prohibida en toda la América española por el Santo Oficio (la inquisición), no entró a México en textos pasados por la aduana de manera subrepticia. No: el virus venía en las cabezas de los gobernantes enviados por la Corona, venía de Madrid en las ideas de virreyes y altos mando civiles, militares y religiosos.
Señalan Florescano y Gil que a partir del virrey marqués de Croix, quien asumió el mando de la Nueva España en 1766, "casi todos los virreyes fueron entusiastas adeptos de La Ilustración". Entre ellos notoriamente Bucareli y Revilla Gigedo, que por lo mismo tienen dedicadas en su honor importantes calles de la Ciudad de México. Historia General de México, El Colegio de México, 1994.