Por Arturo Peniche Solís
Fui a ver Nacidos para Matar (Killer Elite). Un bodrio. Preñada de lugares comunes, guión barato, sensiblería ramplona, actuaciones de llanto (incluyendo al ubicuo Robert de Niro, pero también a Clive Owen). Como pilón, ofrece, para regocijo patriótico, tomas ambientadas en "México": un lupanar, greasy mexicans, el desierto, más allá del infierno de Dante.
El protagonista es un tipo llamado Jason Statham que -en palabras de la chava que me acompañó al cine- es "el nuevo Bruce Willis". El tal Jason es insufrible, pero además: con cero vis cómica y sin la menor idea del significado de la palabra "ironía". Es una mala caricatura de Bruce Willis, lo único que tienen en común es la calvicie.
Lo destacable es que, aparentemente, los estudios de cine gringos han decidido que el sarcasmo, la ironía y el humor deben ser condenados al exilio en Siberia, no van con el espíritu de los tiempos que corren. Y para muestra basta un botón: el James Bond de Daniel (Wroughton) Craig, un 007 full-of-shit, sin savoir-faire: ridículo sucesor de Sean Connery, Pierce Brosnan et al.
Qué lástima, las películas de acción solamente se salvan cuando un Harrison Ford interpreta a Hank Solo (Star Wars) o cuando Mel Gibson le da vida al psicótico sargento Riggs en Arma Letal.
