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por @DonRul
Un
hombre llegó a su casa y su esposa lo recibió con rostro serio. ¿Qué
pasa?, preguntó él. Mira, contestó ella y acto seguido caminó hacia la
sala donde se encontraban la televisión y el reproductor de DVDs. Sin
agregar palabra la mujer oprimió el botón con el triángulo verde y
encendió la televisión. Tras unos instantes apareció en la pantalla lo
que parecía una película pornográfica de muy baja calidad. Pero pronto
el hombre reconoció el rostro de la mujer: era Yovana, su secretaria. La
posición de la cámara y de los dos cuerpos desnudos no le permitían ver
la cara del hombre. No necesitaba hacerlo. Sabía que era él. Extendió
el dedo y oprimió el botón con el cuadro. La pantalla se puso azul.
¿Qué es
esto?, aulló indignado el hombre. ¿Cómo te atreves a mostrarme esta
infamia?, rugió. ¿No ves que esta grabación es una invasión a mi
privacidad, un salvaje atentado a mis derechos humanos? La mujer iba a
balbucear algo, pero el hombre no se lo permitió: ya iba camino a la
puerta gritando que se sentía muy herido por esa traición y que le
costaría mucho trabajo volver a confiar en ella.
La
reacción del marido suena inverosímil. Lo lógico es que al verse en la
pantalla se echara a correr para evitar que su esposa le estrellara la
televisión en la cabeza.
Pues igual de inverosímil
resulta lo que está pasando con Fidel Herrera, quien ahora resulta que
es una víctima de inhumano espionaje.
El truco lo inventó López
Obrador cuando la cámara captó a Bejarano llenando el maletín con
billetes y el candidato presidencial en vez de condenar la deshonestidad
de su colaborador (lo que evidentemente hubiera menguado su capital
político) se dedicó a arengar acerca de la maldad que implicaba grabar a
los políticos a escondidas, en lo que, con un candor inexplicable,
bautizó como el compló. Sigo creyendo que con esa acción comenzó a
perder la Presidencia de la República.
¿Es
reprobable que se espíe y grabe a los políticos? Por supuesto, pero
cuando gracias a esas grabaciones nos damos cuenta de que un gobernador
tiene como pasatiempo el sexo con menores de edad, la violación de su
privacidad es un mal menor y necesario.
Tuit:
En la política actual, lo malo no es hacer marranadas, sino grabar a
los marranos.