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Por Melba Molina
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Pensando, enredando sombras....
Pensando, enredando sombras en la profunda soledad
Tú también estás lejos, ah! Más lejos que nadie.
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes
Enterrando lámparas.
Campanario de brumas, qué lejos, allá arriba!
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías,
Molinero taciturno,
Se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.
Quién eres tú, quién eres?
Pablo Neruda
El Psicoanálisis como tal nace con el doctor austriaco Sigmund Freud, hace mas de cien años, quien abrió un terreno ya conocido pero nunca antes sistematizado de lo inconsciente.
El psicoanálisis se ha organizado en un cuerpo teórico desarrollándose gradualmente, hasta que se configuró con una estructura teórica congruente, pero abierta a enriquecerse y aún a cambiar. Sus conceptos se han ido refinando y evolucionando.
En esencia el psicoanálisis es una teoría de cómo funciona y se desarrolla el aparato mental constituyendo un valioso instrumento de investigación acerca del ser humano y actualmente sigue siendo un método sistemático de tratamiento profundo, que fundamentalmente se sumerge en el inconsciente y en la estructuración del mismo para entender lo que no le permite gozar al sujeto.
ARTE Y PSICOANÁLISIS
Intentaré contarles un poco sobre cómo mira el psicoanálisis al arte y el por qué son amigos.
El arte le ofrece al psicoanálisis un espacio de estudio e interrogación que se convierte en enigma, una fascinación para entender esa invención que los artistas han introducido al crear con su obra un nuevo orden de relación simbólica con el mundo, marcando una época, trascendiendo siglos.
Sin duda que el arte como invención de un artificio y una manera de expresión produce un acontecimiento como portador efectivo de verdades, de deseos.
Jaques Lacan psicoanalista francés, fundador de la escuela Lacaniana retoma a Freud y reformula sus teorías en conjunto con la filosofía y las matemáticas.
Lacan dice que, fundamentalmente el deseo es el deseo del otro, o sea que nos construimos en base a lo que nos dicen que debe de ser y suponemos que eso debemos de desear, aunque tenemos experiencias y percepciones individuales y únicas, entonces intentamos de manera inconsciente conciliar nuestros deseos con el del Otro y el de Los Otros representados por la sociedad en la que estamos inmersos. Sucede que aquellos deseos que no podemos conciliar quedan reprimidos en el inconsciente, lugar al que tenemos acceso a través de sueños, actos fallidos, lapsus, reflexiones introspectivas y permitiéndonos reconocer lo que de verdad sentimos.
Pero volvamos al artista, este se hace eco e intentará remodelar la verdad para producir nuevas suturas con la creación de algo que antes nunca había tenido lugar... con los deseos y fantasmas que habitan en el ser del artista quien funda un nombre propio.
Existe una diferencia importante entre el pintar y crear obras de arte, estas últimas expresan algo único.
Francoise Dolto, psicoanalista francesa, (1908 -1988), quien dedicó muchos años de su vida al psicoanálisis infantil dice que, en sus dibujos, los niños trazan el retrato de su cuerpo imaginario, es decir, cómo ellos se imaginan que son.
Entonces durante las sesiones de psicoanálisis, Dolto vio a miles de niños dibujar en su presencia mientras les iba hablando.
Poco a poco comprendió que lo que los niños representaban era a sí mismos, y más precisamente, una imagen de su cuerpo: una imagen curiosa, a veces privada de cabeza, de brazos, o provista de tres piernas. Cuerpos fantásticos que se entienden a través de los relatos de los niños.
Traspasemos esto mismo a la creación pictórica del artista, de una manera más sofisticada por supuesto.
Así pues, el cuerpo que aparece en los dibujos o modelados del niño no es real, sino imaginario, del que el niño no posee una conciencia clara, un cuerpo (persona) compuesto no sólo de sensaciones, sino también de deseos conscientes e inconscientes, satisfacciones, carencias, fantasmas, relaciones con otros cuerpos, en resumen: la interacción con otras personas y en el caso del niño el de la madre principalmente, pilar para la relación con el otro, los otros.
Al mirar una obra, abordamos el enigma de la creación artística, esa energía hecha materia que constituye la pincelada, que adquiere, en la expresión pictórica, ese sello, esa marca indeleble, ese rasgo singular a través del cual surge la subjetividad del artista...
Nos encontramos así con una obra, un estilo, una identidad donde el artista busca el rostro evanescente de su aventura pictórica, donde hallará su nombre y su cifra secreta: destellos, impresión, ambigüedad, un cierto juego de luz y opacidad.
Freud en 1910 afirmó que los artistas reúnen ciertas condiciones que les permiten lograr armonizar la realidad con las exigencias de sus fantasías:
- Sensibilidad para percibir los movimientos anímicos de los demás y valor para dejar hablar en voz alta su propio inconsciente. Ergo expresar su deseo en el campo pictórico.
- El artista utiliza el pincel para inscribir su deseo en el campo pictórico, que se posesiona de él, que lo determina, en ese maravilloso encuentro con lo real en juego. Se produce así esa aventura única en el campo escópico a través del espejo pasan muchas cosas), la obra es como el espejo del artista, en su obra él se mira.
Sin duda que hay allí solicitación, intimidación, señuelos que se proponen la conquista del espectador quien mirará esos detalles y le hablará desde su propio mundo interno, dialogando desde su propia subjetividad.
George Steiner, francés, crítico literario contemporáneo, en su libro Presencias Reales, plantea una fenomenología del encuentro con la obra:
El encuentro con la obra, pone en juego nuestra libertad, el yo se eclipsa para dar lugar a ser penetrado por la obra de arte, hay una entrega, una caída que permite que la obra de arte nos penetre, el arte auténtico nos aleja del hogar.
Y es cuando se produce una experiencia inquietante únicamente si uno se despoja o se desprende de preconceptos.
Una de las ideas que a mi manera de ver son más interesantes de Steiner es que en la experiencia del encuentro con la obra de arte se encuentran dos libertades: la libertad del artista y la libertad de quien recibe la obra, en ese encuentro dos libertades hacen una y, yo diría, se acompañan.
El artista nos interroga al ofrecer algo que está más allá de lo que se solicita ver, él mismo no sabrá lo que el espectador interpretará y cómo a su vez le proyectará a su obra su propio deseo inconsciente. En este juego los inconscientes platican: el del artista y el del espectador que disfruta la obra arte.
Contemplar una pintura es como irrumpir en el sueño de otro, mirarla es una experiencia subjetiva e intransferible.
Desde el punto de vista psicoanalítico la interpretación de los sueños solo es posible con la propia asociación del sujeto, ya que una imagen si bien puede ser un símbolo universal, el significante es personal ya que está directamente ligado a la historia y experiencias del mismo, siendo estas únicas.
Ser artista es una manera de ser, de vivir, una mirada del mundo que se pone de manifiesto en su propia creación, siendo cada una inigualable.
David Hume historiador y filósofo escocés (1711- 1776), interesado en las artes, a mediados del siglo XVII desarrolló una interesante teoría del gusto.
Hume decía que la estética no puede ser una disciplina normativa, en el sentido de cómo se debe de proceder en arte o qué se debe de hacer para construir obras de arte sino que se nutre de lo que otros artistas producen y reflexiona sobre sus creaciones.
Hume escribió una importante obra, Tratado de la Naturaleza Humana, la cual ha sido fundamental en la historia de la filosofía occidental. Para Hume nada de lo relacionado con el arte (producción y apreciación artística, juicios estéticos, etc.) tiene que ver con el conocimiento y señala:
El mundo del arte no es el mundo de la verdad y la falsedad, del conocimiento y el error, su ámbito es el de la subjetividad total, el de las preferencias que no requieren de validación objetiva.
Si bien el gusto para Hume no es una facultad (como la imaginación) es de todos modos la fuente de nuestros juicios estéticos.
Para este filósofo, el gusto es más bien la sensación, placentera o dolorosa, que nos provoca la contemplación de un determinado objeto, cuadro, paisaje, etc.. Así clasifica el sentido de lo bello y lo feo.
Según Hume una persona de buen gusto o gusto delicado debe de cumplir con ciertos requerimientos:
1) que cuente con la funcionalidad impecable de los órganos sensoriales,
2) alguien que logre detectar los elementos o factores involucrados en aquello que se juzga.
El ejemplo de la comida puede sernos útil:
Supongamos que ofrecemos un mismo platillo a dos personas y una de ellas solo dice que le gusta, mientras que la otra puede decir, que ingredientes tiene, en que orden fueron añadidos, el grado de cocción etc.
3) que logre despojarse del natural provincialismo, contrastar condiciones propias del entorno con la de otros lugares.
4) que la persona debe de estar desprejuiciada, es decir, debe de haber aprendido a juzgar independientemente de qué artista se trate y cuyas obras evalúa con independencia de que sea su amigo o su enemigo, es decir, con total independencia de sus ideas referentes al origen, la clase social, la ideología o la religión del artista.
Aquí coincide con Steiner, en el sentido de deshacerse de preconceptos o prejuicios.
Por último, el buen juez, según el pensamiento de Hume, debe de tener la capacidad de manifestar sus razones por las cuales alaba o critica una determinada obra y disfrutarlas con calma, tener tiempo y disposición para ello.