Ayer me soñé comiendo uvas y seguramente esto tiene que ver con el tremendo calor que azota a la república mexicana en estos días. En algunas regiones el termómetro supera los 40ºC y nunca más pertinente que recurrir a las uvas para refrigerar nuestros pesares.
Bueno, más bien: para congelar nuestras angustias, porque no hay mejor manera de gozar las uvas que metiéndolas a la heladera con todo y racimo. Es una excelente alternativa a las paletas o a las golosinas que envenenan a los peques y a los no tanto. Contrario a lo que se pueda pensar, al congelarse, las uvas no quedan demasiado duras sino que, más bien, adquieren una consistencia un poco más firme que la de un sorbete. Es recomendable ponerlas previamente en un recipiente de plástico con tapa. Una manera de presentarlas es elaborando pinchos o "brochetas" de uvas y si queremos añadir color solamente tenemos que mezclar verdes y rojas. Wikipedia nos dice que el 71% de la producción de uvas es usada para hacer vino, el 27% para consumo fresco (nuestras uvas "de mesa") y un 2% como frutos secos, pero sin importar la manera en que la consumamos las uvas son siempre un bálsamo para el alma.