Confieso mi fascinación por la arquitectura de ZAHA HADID, el lenguaje de la ciencia ficción llevado a la escultura que se vive. Es una senda peligrosa que las más de las veces desemboca en esperpento. La alumna de Rem Koolhaas nacida en Iraq en 1950 fue la primera mujer en ganar el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura. Su obra se inscribe como parte del movimiento deconstructivista, en el que se incluye a Frank Gehry, creador del museo Guggenheim de Bilbao, y que ha creado estructuras públicas que despiertan tanto -o más- interés en los recintos como en lo que exhiben. La primera vez que me topé con la obra de la Hadid fue cuando el New York Times presentó las propuestas arquitectónicas para la reconstrucción de la zona de cero de Manhattan. El flechazo fue instántaneo. Una muestra breve de su obra la puedes ver AQUÍ. En Chicago se puede ver su Pabellón Burnham
en el Millenium Park, una maravilla de aluminio de 7,000 piezas distintas que alberga la exposición multimedia del artista Thomas Gray sobre la evolución del área de Chicago en los últimos cien años. A diferencia de muchos creadores que al encontrarse con el éxito comienzan a jugar a lo seguro y a regurgitar pan-con-lo-mismo, Zaha Hadid nunca deja de sorprendernos con narrativas escultóricas renovadoras y audaces.
* Para quién tenga mayor interés en el tema recomiendo un ensayo de Arthur Lubow publicado en el New York Times en 2003 y que sigue teniendo vigencia: How Architecture Rediscovered The Future (De Cómo la Arquitectura Redescubrió el Futuro).
[Este artículo tiene una segunda parte: "Mi Renovada Pasión por Zaha". Pulsar este enlace]