Resulta que el "Carajo" no es otra cosa que la canastilla de observación en la punta de los mástiles de las viejas carabelas españolas. Es donde los vigías oteaban el horizonte. Siendo el punto más alto del barco era donde se sentía con más fuerza el movimiento lateral.
Un marinero que permaneciera ahí por algunas horas quedaba atormentado por el mareo, por lo que se le mandaba de vigía "al carajo" como castigo por cometer alguna infracción abordo.
Luego de cumplir horas y hasta días enteros en el carajo, el rebelde recuperaba la disciplina perdida.