Chimoltrufiando. Andrés Manuel López Obrador señala en su nuevo libro
que el retorno del PRI a Los Pinos sería como el regreso de Santa Anna
al poder tras su retiro después de la invasión norteamericana. Al margen
de la ironía de que tal señalamiento viene de alguien que aspira a ser
“seductor de la patria”, de ese señalamiento se desprenden dos cosas
fundamentales. Primero que no es verdad que PAN y PRI sean lo mismo y
que respondan a la misma “mafia”, pues si así fuera no habría riesgo del
retorno, en virtud de que, según tal hipótesis, los que realmente
mandan no se habrían ido ni se irían con la llegada de ese partido. Y
segundo que se debe evitar tan perniciosa posibilidad ya que el episodio
de la analogía es obscuro y penoso. De ahí que una mínima congruencia
obligaría a AMLO a respaldar las alianzas cuyo triunfo mermaría las
fuerzas del priísmo y así ayudar a impedir lo que él ve como riesgo
indeseable. Pero de manera, no sorpresiva pero sí inconsistente, hizo
exactamente lo contrario y cayó en el exceso no sólo de descalificar las
coaliciones anticaciques del PRI sino que incluso se atrevió a
vaticinar la victoria de dicho partido en todos los procesos electorales
de julio.
Andrés Manuel no se chupa el dedo y sabe perfectamente que esa declaración iba a ser utilizada, como sucedió, por los gobernadores priístas para ser difundida con prolijidad en las entidades en disputa. Es decir, se prestó para hacer campaña a favor del partido que dice ver como amenaza. Esto es más grave que una incongruencia que ya no extraña. De todos es conocido el profundo odio que López Obrador le guarda a los chuchos y la intención que tiene de recuperar al PRD antes de la definición de la candidatura presidencial. Pero que por tan bajas pasiones colabore con el retorno del PRI-Santa Anna a Los Pinos, a pesar de que se trate de un prospecto de prócer, no es otra cosa que “chaquetear” ¿o no?
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