La Revolución comenzó después de la renuncia del dictador, no se levantó “el pueblo”, sino caudillos regionales, y sólo fue causa de lo que deseaba evitar Díaz: derramamiento de sangre y destrucción de la riqueza.
Escuela pública gratuita y obligatoria, legislación laboral protectora del trabajador, jornada de ocho horas, derecho de huelga, asociación en sindicatos, seguridad social con cuidados médicos: nos dicen que son obra de la Revolución de 1910. No. Son obra del espíritu de los tiempos, sus raíces vienen del siglo XIX y sus partidos socialistas y comunistas, de los huelguistas masacrados… Prueba de que no son obra de la Revolución Mexicana es que se llegó, no pocas veces con mejores resultados, a logros similares en toda América Latina.
Luis González de Alba en un artículo para Milenio Diario da otra vez en el clavo, para avanzar como país México tiene que enfrentar sus mentiras históricas.