"El amor propio y la vanidad nos hacen creer que nuestros vicios son virtudes, y nuestras virtudes, vicios". Jacinto Benavente.
Ahí está, en recuadro de portada, abajo de Luismi y Genoveva Casanova, en la última edición de la revista ¡Hola!: Marta Sahagun vestida de blanco impoluto, con diadema de adolescente. El encabezado: MARTA SAHAGUN NOS DESVELA [nunca más pertinente la expresión: nos desvela] TODOS LOS DETALLES DE SU BODA RELIGIOSA CON EL EX-PRESIDENTE VICENTE FOX.
La frase "una imagen dice más que mil palabras" es un lamentable lugar común y frecuentemente, en esta nuestra 'era de la imagen', es una falsedad, la imagen miente a menudo. Pero éste no es el caso. Lo dice todo. Sobra la sátira y la caricatura, el reportaje gráfico de Hola es demoledor por sí mismo, es un resumen brutal, conciso y macizo, del sexenio de Vicente Fox, el presidente que desperdició, cual pañuelo desechable, que hizo añicos, la más grande oportunidad histórica para reformar el país. En el reportaje de marras una foto es síntesis del personaje: los zapatos de cenicienta que uso Martita, de raso y pedrería, de una cursilería que sería risible -que movería a carcajadas- si no fuera trágica.
El presidente de las "tepocatas y víboras prietas" nunca supo leer a México (después supimos que era un triste analfabeta funcional), nunca tuvo la más remota idea del ejercicio del poder y ni siquiera el mínimo concepto de a dónde quería llegar. La filosofía nos enseña que el final es el principio, que si se carece de meta no se llega a ningún lado. México sí llego, más bien se reiteró, en sus peores inercias, en sus complejos históricos. Al caño se fueron 6 años de un sexenio clave, la falta de creatividad y visión para diseñar un proyecto económico, el estancamiento que el competitivo entorno mundial de naciones, no le perdona a ningún país. Mientras Brasil avanzaba a zancadas de la mano de Lula, humilde obrero metalúrgico y político de un extraordinario sentido común y avezado olfato histórico, Chente le entregaba el control de la presidencia a su amante, mujer de pocas luces, vana y de ambición desbordante. Así fue y así nos fue. El México de hoy, que se juega el pellejo ante el embate de la delincuencia organizada (y desorganizada) se consolidó, hasta el punto de poner hoy en riesgo la vigencia del estado mismo, en el desgobierno foxista. Es cierto que la brutalidad del narco es un fenómeno que proviene del priato pero, el dejar hacer, dejar pasar, de Fox, fue la causa de la agudización, sin precedentes, del problema.
Me pregunto qué se puede decir de la jerarquía católica que permitió la nulidad de dos bodas, la de Marta con Bribiesca y la de Vicentito con Lilián de la Concha y que ahora, con un profundo y ejemplar sentido de la caridad cristiana que los enaltece, le permiten a esto dos tórtolos enamorados (¡el amor todo lo salva!), en la flor de la vida, rebozando ternura, casarse por la iglesia. ¿Qué podemos decir? Nada, todo esta dicho.
El novelista checo Milán Kundera nos recuerda que "la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido". Es por eso que hoy, es crucial no olvidar lo que el vacío mental y la frivolidad de la clase gobernante ofenden y agravian en un país de mayorías pobres. Hoy que los niñitos bonitos del PRI sienten que ya se sacaron la próxima lotería sexenal, a través de la complicidad con los poderes mediáticos y oligárquicos, los mismos que tienen maniatada a la economía del país y son dique para el desarrollo con justicia social. Hoy que la pobreza lacerante se agudizará por la brutal caída del 7% del PIB. Hoy que nuestra producción petrolera se desploma. Hoy, sí, hoy que la delicuencia amenaza con borrar la armonía, HOY camino despacio hacia mi sillón favorito, me apoltrono, subo las patas en la mesa y con una horchata bien fría en la diestra, la brisa del mar disipando las angustias cotidianas, abro el ¡Hola! y me topo, de bruces, con Martita muy oronda, satisfecha, de blanco impoluto, con zapatillas de raso y pedrería, tiara de Swarovski, delgada y rejuvenecida, con sonrisa leve, para evitar las arrugas, gesto etéreo de colegiala que se acaba de graduar y esa, esa su perenne mirada de arpía codiciosa.
Fotos tomadas de: web site de la revista ¡Hola!, Blog
Érase una vez en Foxilandia, cartón de El Universal.